
Y dejar en libertad los sentimientos, las emociones... no resulta tan sencillo.
Me siento tremendamente torpe.
Ya no sé si deseo o no compartir sólo conmigo. Dudo... me creo mi propia ansiedad. Construyo un monstruo de mil cabezas.
Me descuido.
Sólo hay algo que permanece igual, inalterable. No tener el deseo de aferrarme a nada.
A momentos pienso que ese es mi deseo más puro. Más verdad.
Me siento cansada de sentirme cansada.
Pero mañana saldrá el sol de nuevo, es casi seguro. Es casi del todo cierto que trataré de sentir lo mejor de mí.
Aun sintiéndome cansada.
Pasará otro día, otra hora, otro minuto, otro segundo, otro precioso instante.
Mi corazón y mi cabeza seguirán en lucha perpetua, incansables, retorcidos, abobinables.
La desazón y la desesperanza bailarán juntas en una noche únicamente triste. Desoladas se irán dando brincos... de puntillas, sin hacer demasiado ruido.
Ya. Nunca más dormiré como una niña chiquita. Con los brazos en aspa... sin importarle su almohada.
Primavera, 2005

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